viernes, marzo 16, 2007

Fuero y Libertad

Los navarros acudirán masivamente a la cita mañana sábado día 17 de marzo en defensa de sus derechos y de la libertad, y en contra los planes de rendición del Presidente Zapatero.

Artículo 1. Navarra constituye una Comunidad Foral con régimen, autonomía e instituciones propias, indivisible, integrada en la nación española y solidaria con todos sus pueblos.


ZP y De Juana pretenden convertirlo en el patio trasero de la Gran Euskalerría. ¿Se dejarán los navarros?

jueves, marzo 15, 2007

Sisí Emperatriz

Nuestro querido Presidente se ha dado hoy en el Congreso un baño de Chanel 5 con ocasión de la presentación de la Ley de Igualdad. Dicha Ley no es otra cosa que un engendro deconstruccionista que supone un desgarro más a la poca democracia que nos quedaba.

Ya sabíamos que unos son más iguales que otros, si no, que se lo digan a Montilla. Con la aprobación de esta ley las mujeres nacerán con un pan debajo del brazo y otro en la cartera de todos. La igualdad ante la ley ha dejado de existir para dar paso a la depradación de cuota. ¡Vive la femme!

Un tren, un voto



Está visto que los trenes dan votos. ¡Que se lo digan a Zapatero! Algunos podrán pensar que a Simancas le vendría muy bien dañar la buena imagen de Metro de Madrid para remediar su angustiosa situación en las encuestas. Tschiiiit....no demos ideas.


En este orden de cosas, se han detectado destrozos intencionados en los dispositivos de comunicación y de frenado de urgencia en trenes de las líneas 5, 6 y 7 . Asimismo, el 20 de febrero se encontró un falso artefacto explosivo en la estación de Tribunal. La policía, según señala el diario La Razón , apunta a trabajadores del Metro como principales sospechosos ya que se necesitan conocimientos técnicos para llevar a cabo los distintos sabotajes.


Quizá esto sólo sea un ensayo general como lo fueron las manifestaciones del "no a la guerra" y el acoso al PP en los dos años anteriores a las elecciones del 14-M. Quizá.... No obstante, da miedo viajar en transporte público a medida que se acerca la fecha de las próximas elecciones municipales y autonómicas. Si tradicionalmente se decía que en las democracias un hombre vale un voto, algunos han debido pensar que un vagón de tren vale un buen puñado de ellos.

miércoles, marzo 14, 2007

Discriminación positiva

Lo dijimos en este blog hace unos días. La decisión sobre De Juana Chaos es un fraude de ley. El PP elabora un documento que denuncia la arbitrariedad cometida por el Gobierno. La ley debe ser igual para todos, incluso para los amigos de ZP.

Zaplana en el Congreso le ha puesto la cara morada a su amigo Rubalcaba:
Mire Sr. Ministro llamar legalidad al trato de favor a un asesino resume su eterno desprecio por la Ley. La ley no le obligaba a tomar esta decisión, es una decisión como se ha reconocido, como ha reconocido usted esta mañana, discrecional que ha adoptado el Gobierno por razones políticas, que no tiene comparación con ninguna otra anterior. Todo el relato que ha hecho su señoría se deberá las malas leyes que, por cierto durante 14 años no quisieron cambiar, pero no a otra cuestión. Y le diré más, es una decisión en fraude de Ley es una decisión, también hay que decirlo, que no se ajusta a la legalidad. Ustedes han concedido a De Juana un tercer grado encubierto porque saben que no puede cumplir los requisitos del tercer grado que para que nos entiendan todos los españoles consiste en salir de la cárcel e irse a su casa. Tercer grado que exige previo arrepentimiento y signos inequívocos de abandono de las armas y actividad criminal y como estos requisitos a este terrorista no le daba la gana de cumplirlos y así lo proclamó a los cinco continentes, ustedes han buscado un atajo que es el cauce excepcional del artículo 100.2 del Reglamento penitenciario previsto para otras situaciones distintas. Han aplicado la única vía que no exige el arrepentimiento porque sabían que en ningún caso se iba a producir.

martes, marzo 13, 2007

Jornadas FAES




El ex Presidente del Gobierno español, José Mª Aznar, inaugura unas jornadas en memoria de Milton Friedman, organizadas por la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), que preside.

En su discurso inaugural, Aznar ha destacado la grandeza intelectual de "uno de los más grandes economistas del siglo XX" y "abanderado de la libertad".

A Milton Friedman cabe agradecer, entre sus muchas aportaciones en el ámbito de la libertad, el denominado cheque escolar que facilita a los padres la libertad de elección en materia de educación.

Las Jornadas que se inauguraron este lunes continuarán hoy martes día 12 con la ponencia del Catedrático de Economía del CEU, Pedro Swartz, y serán clausuradas por el Catedrático de Economía de la Complutense, Manuel Jesús González.

El legado de terror



"España no puede asumir más accidentes como Zapatero".

El editorial de The Wall Street Journal (noticia Libertaddigital), firmada por Mathew Kaminiski, acusa a Zapatero de sectario y de dividir a los españoles. Su política de enfrentamiento ha reabierto las heridas de la guerra civil, alentando los nacionalismos y subviertiendo el orden constitucional.


Sobre el 11-M The WSJ se hace eco de la creciente inquietud de los españoles por las responsabilidades ocultas tras este atentado. Las diferentes "teorías conspirativas", que recoge el diario neoyorkino, aluden a la participación de ETA o de los servicios marroquies, incluso se habla de un "golpe de Estado de izquierdas". Lo que a día de hoy está claro es que no han podido ser los moritos de Lavapiés. Otra cosa que ha quedado clara es que el Gobierno tiene algo que ocultar.

El Muppet Show de un mentiroso compulsivo




Al Qaeda pone de manifiesto lo que ya sabíamos: Zapatero es un mentiroso. En una web creada por el grupo terrorista en 2005, "La voz del Califato", un encapuchado amenaza a España con represalias por la presencia de tropas en Afganistán.

En el comunicado Al Qaeda le dice al Gobierno austriaco que "no siga el ejemplo del gobierno socialista en España que ha engañado a su pueblo al retirar a sus tropas de Irak y enviar a otros 600 soldados a Afganistán".

El Ministro de Defensa, Alonso, parece que no acaba de captar la línea oficial de su partido y de su amigo ZP. En unas declaraciones previas a conocer que en este vídeo se amenazaba a España, Alonso dijo que "jamás se debe ceder ante las amenazas". No sabemos si esto lo dice por la retirada de tropas españolas de Irak o por la excarcelación del amigo de la paz De Juana Chaos.


lunes, marzo 05, 2007

Gran manifestación popular el próximo día 10

Dirán que si complejos, que si tarde, que si mal... Bueno, jamás llueve a gusto de todos. Lo que sí es la manifestación del próximo día 10 es oportuna.

Lo cierto es que el Partido Popular y su líder Rajoy han estado siempre a la altura de las circunstancias que nos ha tocado padecer, conscientemente o no, a todos los españoles. Midiendo los tiempos y reaccionando propocionadamente en el foro apropiado a las vilezas del Gobierno.

A los que tanto han criticado esa manera de resistir, aguantando los golpes y embestidas del PSOE y dosificando las fuerzas, les diría que no dejen pasar la oportunidad de responder a este llamamiento que se suma a los que espontáneamente ha venido realizando la sociedad civil.

Ha llegado sin duda el momento de tomar la calle y de encauzar la perplejidad y alarma social provocada por decisiones gubernamentales injustas y aberrantes, como la liberación camuflada de De Juana Chaos.

El próximo sábado día 10 será el momento en que una gran mayoría de españoles harta de tanta ignominia, y con independencia de su ideología, diga ¡basta ya! No merecemos un Gobierno que nos mienta, que ceda al chantaje de los terroristas, que maltrate a las víctimas, que mancille las instituciones y que nos tome a todos por idiotas. Que no te engañen: ¡hay alternativa! En tus manos está.

domingo, marzo 04, 2007

Derecho, Legislación y Libertad - F.A. Hayek





Ícaro quiso rozar los rayos del sol y la cera de sus alados brazos se derritió, precipitando su desdichada suerte en los dominios de Neptuno. La hybris le empujó a tamaña osadía, convirtiendo sus sueños en una funesta advertencia para la humanidad. Con el tiempo, sin embargo, los mitos se desvanecieron entre las tórridas luces de la Razón y el hombre se creyó nuevamente en posesión del fuego sagrado. De las aguas bautismales de la Aufklärung surgió un hombre nuevo; un ser de nuda pureza, sin lazos con el pasado, sin atávicos temores, seguro de sí mismo, de aspecto divino, de poder ilimitado, y cuyo mundo cabe en una ecuación. La era de la Razón nubló las mentes de los hombres, evitando su emancipación de la primitiva concepción que interpretaba toda realidad en sentido antropomórfico y dando paso a una nueva forma de irracionalismo. Así, los philosophes creían que podían borrar toda duda, ignorancia, prejuicio, temor, propios de las sociedades fanáticas, teocráticas y poco civilizadas. Con este marchamo liberador las tropas napoleónicas predicaron su nueva fe al son de los acordes de Rouget. Hoy en día la izquierda, en nombre de un pretendido afán civilizador, se ha erigido en la portadora del fuego sagrado, arrasando a su paso toda tradición, a la que considera hija del oscurantismo religioso.

En la presente obra de Friedrich A. Hayek encontraremos las claves de los principios que fundamentan las sociedades abiertas y que han permitido el estado actual de civilización en Occidente. Sin embargo, Hayek nos advierte del peligro que corren esas sociedades bajo la nueva ola de irracionalismo que pretende reconstruir la civilización sobre las bases de una aporía racionalista que lleva en sí la semilla de la autodestrucción. Contrapone así el insigne pensador dos concepciones distintas del orden natural que están en la base de las corrientes actuales de pensamiento. La primera, inspirada en los dogmas cartesianos, en la ilusión sinóptica de una mente que lo controla todo; y la segunda, propia de las sociedades liberales, caracterizada por la mano invisible de Adam Smith. Orden artificial, construido, «taxis», frente a orden espontáneo, evolutivo, «cosmos». Sociedades teleocráticas -que diría Michael Oakeshott-, regidas por fines que se imponen a los miembros de la organización, paradigma del totalitarismo, frente a sociedades nomocráticas, regidas por normas espontáneas, en las que los individuos persiguen sus propios fines.

Así, en las sociedades libres los individuos se rigen por reglas de recta conducta surgidas de un proceso de evolución cultural, de una tradición heredada que no ha sido inventada ni genéticamente transmitida, pero sí ha sido fruto de un proceso de selección que ha llevado a diferentes grupos humanos a elegir aquellas prácticas que consideraban más ventajosas. Es evidente que los ingredientes utilizados en el proceso de desarrollo cultural de Occidente han acreditado un mayor éxito que el de otras sociedades. Como dijo Ernst Gombrich en referencia a nuestro modelo de sociedad: «la historia de la civilización y de la cultura ha sido la historia del ascenso del hombre desde un estado casi animal a una sociedad culta, al refinamiento de las artes, a la adopción de valores civilizados y al libre ejercicio de la razón». Así, debemos afirmar sin ambages que la cultura es hija putativa de la razón, tanto como la razón es producto de la cultura.

En este orden de cosas, las normas cumplen una función estructurante de la sociedad. La ley en su acepción originaria consistía en ese cuerpo de costumbres que los miembros de un grupo consideraban beneficioso adoptar. Posteriormente, y bajo el influjo del racionalismo constructivista, ese concepto se transformará para equiparar ley con toda norma emanada de los parlamentos. De ahí que la hiperlegitimación democrática nos resulte en muchas ocasiones contraria a nuestras estructuras mentales y a nuestro acervo cultural -sobran ejemplos en la era ZP-. Es la base del positivismo que pretende crear la realidad a golpe de decreto al amparo de la ilimitada «voluntad» del pueblo soberano. Este modelo kelseniano se contrapone al modelo liberal de la rule of law en el que las instituciones y los gobiernos también se someten al imperio de la ley. En la Grecia clásica, la modificación de las normas, o nomoi, estaba sujeta a un complejo procedimiento que corría a cargo de un cuerpo elegido expresamente para ello, los nomothetae. No era así legal intentar modificar las leyes -en el sentido expresado de normas de conducta- mediante decreto; quien lo intentaba se veía expuesto a la imputación por actos ilegales. Por ello, Hayek propugna la existencia de un número limitado de normas, que son las que hunden sus raíces en la tradición, cuya aplicación es general para todos, con el fin de evitar el actual sistema oligárquico de aprobación de leyes que benefician a determinados grupos en pago de su contribución a la conquista del voto.

La justicia, la igualdad ante la ley y la libertad son los pilares a los que Hayek atribuye la evolución de la civilización occidental. De este modo, el prurito de la justicia ha sido lo que ha creado un sistema de reglas que garantizan el desarrollo del orden espontáneo. Me dirán, ¿pero qué es justo? Y debo contestarles, con permiso y bajo la inspiración del ilustre premio Nobel de Economía, que la justicia no se puede definir. En este sentido la justicia es negativa, no se puede enlatar, no es, sino, lo que provoca indignación y se considera injusto por la mayoría de los hombres. No es fácil de prever, pero sí de reconocer. Por otro lado, la justicia social no existe y sólo es un instrumento en manos de los ingenieros sociales para enervar la libertad y la igualdad ante la ley. Al favorecer a unos, para igualarlos materialmente con otros más afortunados, se están destruyendo los valores que han propiciado los grandes logros científicos, económicos y sociales de nuestra civilización. No hay más que echar un vistazo a las ruinas del paradigma estajanovista de la industria del proletariado. Que duda cabe, también,que la libertad ha sido el motor de desarrollo de las economías modernas; como creía Bernard de Mandeville, son los vicios privados los que contribuyen a beneficiar al conjunto de los individuos. Con independencia de que unos pocos pierdan, el conjunto se beneficia. Así, las reglas deben ser iguales para todos. Lo contrario es caer en las redes de los intereses particulares -con apoyo de gobiernos débiles y necesitados de votos- que, en nombre del bien común, obtienen privilegios a costa de la eficiencia económica y la libertad.

El presente volumen, junto con Los fundamentos de la Libertad y La fatal arrogancia, constituyen el armazón central del individualismo metodológico de este destacado representante de la Escuela Austríaca. En lo que podemos considerar la obra cumbre de su pensamiento, Hayek desenreda algunas de las claves del liberalismo con su esforzada clarividencia: la idea de la evolución en la formación de las instituciones sociales y la crítica del abuso de la razón. Si Ícaro hubiese obedecido a su padre, Dédalo, habría intuido que tocar el astro solar sólo está al alcance de los dioses.

No se lleven a engaño, en otra ocasión pienso cebarme con los portavoces de la contra-ilustración que se aferran a su monolítico mundo de ultratumba, negándose a sustituir aquellas normas inservibles o que suponen un freno a la evolución espontánea de la sociedad. De Maistre, Chateaubriand, o De Bonald, alienados de su tiempo, junto con el impulso primigenio del sentimentalismo alemán, influenciado por los escritos de Herder y de sus seguidores del Sturm und Drang, movimiento literario precursor del romanticismo, en el que la voluntad se impone sobre la razón, traerán los fascismos del siglo XX. Abogamos desde esta página, como siempre, por un racionalismo crítico, no dogmático, consciente de su falibilidad y sabedor de que junto a la capacidad organizadora del hombre existen otras fuerzas espontáneas que debemos aprender a respetar y encauzar en beneficio del conjunto de la humanidad.

jueves, marzo 01, 2007

La cena de los idiotas




La LEY ORGÁNICA 7/2003, de 30 de junio, de medidas de reforma para el cumplimiento íntegro y efectivo de las penas modificó el tratamiento penitenciario de los criminales en aras a garantizar una mayor seguridad jurídica de los ciudadanos.


Así, en la modificación que se introdujo en la antedicha norma de la Ley Orgánica 1/1979, de 26 de septiembre, General Penitenciaria, se recogieron dos nuevos apartados en el artículo 72, en cuya virtud la clasificación o progresión al tercer grado de tratamiento requerirá, además de los requisitos previstos por la ley, que el penado haya satisfecho la responsabilidad civil derivada del delito y que muestre signos inequívocos de haber abandonado la actividad terrorista, colaborando activamente con las autoridades en la lucha contra el terrorismo.


La igualdad ante la ley es un pilar fundamental de todo sistema democrático. Ese principio de igualdad implica que también los gobernantes están sometidos a las leyes, y deben no sólo hacerlas cumplir sino respetarlas evitando la discrecionalidad de los poderes públicos. Lo contrario es propio de las repúblicas bananeras o socialistas.


En la España de ZP se atropellan constantemente los derechos de los ciudadanos y se vapulea a las víctimas mientras se premia a los criminales; criminales como De Juana Chaos que acaba de ser excarcelado por el Gobierno en clara vulneración de las normas y del principio de legalidad que informa nuestro ordenamiento jurídico.


No se trata señor Rubalcaba de una decisión controvertida, sino ilegal. Ilegal porque, simplemente, el desalmado De Juana Chaos no ha dejado la banda terrorista, ni ésta ha dejado de serlo por mucho que Zapatero se empeñe en sepultar entre los hediondos escombros del socialismo a las dos personas asesinadas en la T4 (entre otros "accidentes"). Pero es que, además, no es justa. Porque desampara a las víctimas y crea alarma social al poner de manifiesto cómo este Gobierno dilapida los anteriores éxitos en la lucha antiterrorista en provecho del gran banquete de la paz, a cuya mesa están invitados ETA, los partidos nacionalistas, y el PSOE refundado sobre los cadáveres de la banda terrorista.

De este modo, De Juana Chaos no necesita comer, ya ha comido para el resto de su vida al haber sido convertido por el Gobierno de ZP en héroe de la banda y haber disfrutado obscenamente con el dolor de sus maltratadas víctimas.

Actualización: Tras acceder al auto de excarcelación el asunto es todavía más sangrante, si cabe. No se trata de que le concedan el tercer grado, no. El Gobierno no se ha atrevido a tanto, o a tan poco; prefiere edulcorarlo bajo un "segundo grado" con aplicación de la "flexibilidad" que permite el artículo 100.2 del Reglamento penitenciario:
2. No obstante, con el fin de hacer el sistema más flexible, el Equipo Técnico podrá proponer a la Junta de Tratamiento que, respecto de cada penado, se adopte un modelo de ejecución en el que puedan combinarse aspectos característicos de cada uno de los mencionados grados, siempre y cuando dicha medida se fundamente en un programa específico de tratamiento que de otra forma no pueda ser ejecutado. Esta medida excepcional necesitará de la ulterior aprobación del Juez de Vigilancia correspondiente, sin perjuicio de su inmediata ejecutividad.


Es decir la discrecionalidad de Instituciones Penitenciarias ha sido todavía mayor al aplicar la flexibilidad excepcionalmente y por razones humanitarias a De Juana Chaos. Aclaro que el segundo grado corresponde a los presos comunes y por tanto se cumple en régimen de encarcelamiento; pero hete ahí que el artículo 100.2 habla de "flexibilidad", agujero por el que se cuela la arbitrariedad para justificar una medida contraria al espíritu de la norma.

Así que la condena la cumplirá en su casa bajo régimen de vigilancia telemática. ¿Quizá podremos ver sus polvos por internet? Esa es la igualdad ante la ley que predica Zapatero. No sabía yo que a los cerdos se le aplicasen tal tipo de razones humanitarias. En todo caso, el resultado es el mismo, da igual ´como lo vistan, De Juana comiendo jamón y bebiendo champán en su casa mientras se ríe amparado por el cinismo de un Presidente felón.

miércoles, febrero 28, 2007

Sarkozy ensalza la España de Aznar




En su visita a la capital madrileña, el candidato a la Presidencia francesa y Ministro de Interior de nuestro país vecino, Nicolás Sarkozy, ha elogiado la etapa de Aznar al frente del Gobierno, calificando sus éxitos económicos de "milagro español". Según él, Francia debe mirarse en el espejo de la España de Aznar.

En contraposición a este modelo, en su discurso ante la colonia francesa, Sarkozy criticó la tradicional forma de vivir patentada por los socialistas, es decir, a costa de los demás, y abogó por la abolición del igualitarismo que ha venido lastrando las políticas económicas y de libertades de los países europeos.

También tuvo palabras de apoyo para su "amigo" Rajoy del que dijo representa la España del mañana. La sintonía entre ambos líderes del PP y UMP quedó sellada en una reunión de 50 minutos en la que compartieron su visión de los grandes temas políticos de la actualidad.

Con estos dos grandes hombres el futuro de Europa está garantizado. Frescura, sinceridad y firmeza, frente a la Europa débil, corrupta y anquilosada de Chirac y Zapatero.

viernes, febrero 16, 2007

Democracia totalitaria




La palabra griega democracia se formó combinando el término demos (pueblo) y kratos (poder). Contrariamente a otras formas de gobierno como monarquía, oligarquía, que incorporan el término archein para designar el modelo de gobierno, aquí esta palabra sugiere el empleo de la fuerza bruta. La razón de que no se empleara la combinación demarchia es que el término demarca expresaba la función del jefe del grupo o del distrito local por lo que no podía emplearse para una definición del gobierno por el pueblo.

El significado de democracia implica la existencia previa de una sociedad de hombres libres que se rigen por unas normas heredadas y evolutivas, de difícil expresión pero que condicionan su conducta sobre la base de unos ideales de justicia y libertad. En el ámbito de lo político esos ideales se traducen en la necesidad de establecer leyes iguales para todos los hombres y de dotarse de un gobierno que vigile el cumplimiento de las reglas de conducta. Ese modelo democrático requiere regular y limitar el uso de la fuerza coactiva mediante una clara división de poderes y la sujeción de las instituciones al imperio de la ley. Así, el gobierno se encuentra a su vez limitado por las leyes y sólo puede ejercer sus poderes en el ámbito de los recursos comunes y nunca invadiendo la esfera de libertad de los individuos.

El socialismo, por mencionar una de las formas de gobierno totalitarias más arraigadas hoy en día, ha distorsionado el sentido de democracia al considerar que la mayoría es libre para decretar cualquier medida sobre la que alcance un consenso. Se trata de una visión ilimitada de la democracia que corrompe el ideal original de respeto a las leyes y a la justicia e invade la esfera de libre decisión de los individuos. En esta visión el gobierno no está limitado por las leyes, sólo por la voluntad arbitraria de las mayorías, ya que, por otro lado, el legislativo se convierte en mero apéndice de aquél, desvirtuando así su doble función de sanción de las reglas de conducta que emanan de la sociedad y de control del ejecutivo.

El enfoque totalitario de la democracia pretende convertirse en un método válido para gobernar la conducta de los hombres en todos los ámbitos de la sociedad. Así, el término democracia se sale de sus contornos originales, como procedimiento de adopción de decisiones políticas, para extender su método plebiscitario a otras organizaciones civiles (familia, empresa, iglesias…) en cuyo ámbito las decisiones se adoptaban con arreglo a la autonomía de la voluntad de los diversos actores sociales. El resultado es que los gobernantes invierten el ideal democrático, transformando un gobierno limitado sometido a las leyes por un absoluto control del gobierno de todas las actividades de sus súbditos. Esa silenciosa dictadura popular se apoya asimismo en la formación de la opinión de las mayorías con el apoyo de redes clientelares y medios de comunicación controlados y dirigidos por el gobierno.

Sobre la base de esta definición, debo decir que si, como afirmaba Hayek, democracia es sinónimo de gobierno de la mayoría dotado de un poder ilimitado, "yo no soy demócrata". Para que nos entendamos, entre ustedes y yo, si ZP y sus amigos son demócratas, prefiero que no me cataloguen como tal.

martes, febrero 06, 2007

Un proyecto común

Es harto difícil verbalizar los sentimientos que anidan en los corazones de los cientos de miles de españoles que se manifestaron el pasado día 3 de febrero por las calles de Madrid. Posiblemente muchos no comprendan el verdadero significado de lo que este sábado pudo vivirse en el centro de la capital española. Incluso algunos de los que estuvieron se sentirán incapaces de expresarlo con claridad, a pesar de la espontaneidad de su respuesta y de su firme compromiso con la libertad. Lo que sí sabían, lo que sí tenían claro, es que había que estar allí, junto a las víctimas, como una víctima más, por solidaridad, hermanados por un sentimiento compartido, por un mismo dolor.

Nada hacía presagiar la jornada de alborozo y colorido que se viviría en la puerta de Alcalá, mil veces testigo de las asonadas y festejos del pueblo de Madrid. Por el contrario, el cielo amaneció pintado de color plomo, malhumorado y levantisco, dispuesto a castigar con su inclemencia la osadía de los “hombres de mala fe”; de los sediciosos que se dieron cita ante la gran bandera nacional que señorea la Plaza de Colón.

Pronto, desde las cuatro de la tarde, una muchedumbre abigarrada ocupó los carriles centrales del paseo de Recoletos, iluminando con sus coloridas pancartas la grisácea tarde de invierno que saludaba su presencia. En un instante la tarde cobró color esperanza y apartó con su arrolladora vitalidad los tristes augurios que se ciernen sobre el albero patrio. Todo, sonrisas, calor, y confianza en el futuro. Ni una cara triste, ni una cara obscena, ni una mueca de odio, eso se lo dejamos a otros más avezados en las artes escénicas, sólo rostros decididos. No fue la manifestación del sábado un acto de vociferante odio, al estilo Bardem, ni de lúbrica complicidad multicultural, sino una espontánea afirmación de entidad nacional. Sí; España estuvo presente, a pesar de los ausentes.

La multitud no fue regurgitada por las cocinas de Génova 13, como sugieren los “hombres de buena fe”. Esa es la música celestial con la que los heraldos de la paz tratan de arrullar a sus “peperofóbicos” bípedos lanares. ¡Para nada! Allí estaban todos, la izquierda y la derecha, unidos por un mismo sino; por un mismo espíritu fraternal; por una misma bandera; por un mismo temor. Todos al unísono coreaban: ¡qué barbaridad, qué barbaridad, ponen una bomba y hay que negociar!

Por supuesto, Rajoy no faltó a la cita. Ni Fraga, ni Aznar..., tampoco Acebes, ni sus muletas. Pero eso no debe sorprender a una mente sana. Están dónde siempre han estado, con las víctimas, y con una idea clara de España. Lo grave es que no esté el Partido Socialista. Ahora prefieren jugar a la pelota vasca con nuestras vidas, con nuestro futuro, con nuestros derechos.

Al grito de ¡libertad! ¡libertad!, Madrid fue un clamor. Un clamor venido de todos los rincones de España; incluso de diversos rincones del mundo. Desde Ecuador a Costa de Marfil. Pero los que allí estaban no eran ecuatorianos, africanos, ni tan siquiera españoles, vascos, navarros o asturianos, eran ante todo hombres libres que aspiran a vivir en paz, sí, pero no por ello renunciando a la libertad. Hombres que dicen no a la tiranía, que dicen no a la demagogia, que dicen no a los pistoleros, que dicen sí a la vida.

Los españoles -cerca de millón y medio le pusieron rostro a esta aseveración- le han retirado su apoyo al Gobierno, que, sin embargo, sigue empeñado en dar la espalda a una realidad que, para su desgracia, se presenta tozuda. ¡Basta ya de mentiras! ¡Basta ya de barbaridades! La sociedad civil dice no a la negociación con ETA. En realidad, el Gobierno tenía razón, es un problema de fe; los asistentes eran hombres de poca fe, poco dispuestos a ofrendar sus libertades en la pira de la paz.

Como colofón a una soberana tarde, Mikel Buesa, Presidente del Foro de Ermua, y organizador del evento, pronunció un discurso en el que puso en solfa la política antiterrorista de Zapatero, el abandono y escarnio de las víctimas, sus amistades peligrosas, y abogó por la derrota de ETA con los medios de que dispone el estado de derecho.

De pronto, todo pareció cobrar sentido. Como salido de los estertores de un cuerpo que se niega a exhalar el último suspiro, sonó el himno nacional. Los presentes sintieron en ese momento que a pesar de las inclemencias, a pesar de los insultos, a pesar de las mentiras, su esfuerzo había valido la pena. Sabían con certeza por qué estaban allí.

domingo, febrero 04, 2007

Paz, Libertad y Justicia



Cientos de miles de personas (millón y medio según la Comunidad de Madrid) se manifestaron ayer en las calles de Madrid para pedir la derrota del terrorismo etarra.

Yo también estuve allí, porque creo en la justicia, en la libertad y en la igualdad ante la ley, valores que inspiran nuestro sistema democrático y que están siendo subastados en la mesa de negociación del mal llamado proceso de paz.

Todos estuvimos allí, porque ETA tiene que saber que de nada sirven sus amenazas y chantajes al Gobierno. No porque éste no vaya a ceder, el mero hecho de seguir negociando ya implica una cesión, sino porque cualquier acuerdo con este Gobierno será papel mojado. La sociedad civil volvió a decir no a la rendición y a una paz injusta que pretende secuestrar la libertad de todos los españoles.

lunes, enero 29, 2007

Momentos estelares de la humanidad- Stefan Zweig

“Largo, duro y difícil”. Así describe nuestro Presidente su mal llamado proceso de paz. Y tan largo, más de 30 años matando; y tan duro, cerca de mil muertos; y tan difícil, porque, como decía el novelista francés Remy de Gourmont, “la paz se posee cuando se puede imponer”.

La paz no es un fin, como no lo es la democracia. La paz es un estado de cosas que favorece la consecución de los múltiples fines de los hombres, entre ellos, el derecho a perseguir su propia felicidad. El derecho a elegir cómo ser feliz. En síntesis: el derecho a ser un hombre libre. Sólo en los sistemas totalitarios y teleocráticos -valga la redundancia- los hombres están determinados por los fines. No se rigen por unas normas de conducta, inspiradas por el afán de justicia y el respeto a la tradición, sino que se someten, más o menos conscientemente, a los planes de una autoridad. Por ello, produce grima leer la cita de Zapatero, en una reciente entrevista en el País, a un gran amante de la paz y devoto de la herencia cultural europea, Stefan Zweig.

Su apasionada devoción por la cultura europea, que creía agonizante bajo la garra de los nacionalismos, le infundiría las energías para llevar a cabo el acto más sublime, no por ello menos soberbio y estéril, que puede cometer un hombre: el suicidio. Me temo que lo de Zapatero sólo es un recurso dialéctico sin esperanza.

Afortunadamente, Stefan Zweig nos dejó mucho más que un trágico final. Nos legó una de las mayores aportaciones literarias del siglo XX. Su obra es una pieza fundamental para entender el espíritu de entreguerras. Sus denodados esfuerzos por promover la paz, impresos en sus memorias (“El mundo de ayer”), fueron sofocados por el estruendoso clamor de unos hombres ávidos por cumplir su destino.

En la presente obra, el escritor austriaco inmortaliza, con su acostumbrada maestría, catorce instantáneas que marcaron el destino de Europa. Atrapa entre los sedosos telares, que tiende su arácnido genio, el momento decisivo que frustró el destino labrado en los sillares de la historia. Ese instante que apartó de la gloria a un hombre que, teniendo en sus manos la fortuna del mundo, litografió su epitafio.

A quién no le hubiera gustado presenciar aquellos idus de marzo en que, tras la muerte anunciada de Julio César, Marco Tulio Cicerón dudó, por flaqueza de espíritu y aversión a la sangre, en asumir las riendas de la República; y, esa duda se convertiría en su propia tumba, con ella se desvaneció definitivamente la esperanza de restablecer las costumbres de los mayores (mos maiorum) y la autoridad del senado y del pueblo.

La caída de Bizancio es otro de los momentos históricos que llaman la atención de este excepcional captador de esencias. La imponente muralla de Teodosio quita el sueño al ambicioso Mehmet. Aun así, no se arredra ante tamaña empresa y contrata a Urbas, el húngaro, el fundidor de cañones más experimentado e ingenioso del mundo. No será esa primera máquina arrojapiedras del mundo la que, en 1453, abra las puertas del exangüe imperio romano de Oriente a los jenízaros, haciendo repicar las campanas de Santa Sofía por el advenimiento del imperio otomano. No. Una puerta, una pequeña puerta olvidada, la Kerkaporta, sellará su destino.

Stefan Zweig capta con ubérrima sensibilidad la psicología de sus proteicos personajes y los delicados matices ambientales que inclinaron la balanza en la batalla de Waterloo; que impregnaron de valor y codicia a Núñez de Balboa en la conquista de El Dorado; que acompañaron los pasos de Scott en su frustrada aventura antártica; o estremecieron a Dostoievski en los momentos previos a la condonación de su pena de muerte por el zar. Toda una panoplia de efectos sonoros y musicales al servicio de la metempsícosis de nuestras extáticas almas en su máquina del tiempo.

Aunque su acto final, anticipando lo que más tarde le impulsaría a huir cobardemente de este mundo, lo componen las esperanzas de paz y los sueños frustrados de quien realmente fue un pacifista y un amante de la tradición europea. Esperanzas encarnadas en la figura de un Presidente americano, Wilson, bienintencionado en sus esfuerzos, embriagado por el espíritu pacifista que siempre despierta el olor a muerte, e incapaz de aquietar los apetitos nacionalistas de los vencedores de la primera guerra industrial de Europa. Es ese tribalismo identitario el que impide al ciudadano liberarse de las fronteras marcadas a sangre y fuego por las organizaciones teleocráticas europeas; que impide la floración de lo que Adam Smith denominó la Gran Sociedad -Sociedad abierta, en expresión de Sir Popper-, frustrando los humanos deseos de paz y libertad bajo la visión platónica de una sociedad mítica, predestinada, basada en una organización en la que los individuos se ciñen con invisibles cadenas. Sueños de grandeza que se creyeron enterrados bajo los cimientos del proyecto de una mayor integración europea.

La paz, esa palabra capaz de encandilar a los hombres más ilustres y de atenazar los espíritus más despiertos, es sólo una dulce melodía que busca desatarnos del mástil de nuestros valores más fértiles y condenarnos al inframundo de los sueños colectivos. La paz sin libertad sólo beneficia a los tiranos. Ya lo advirtió Hayek cuando señaló el peligro de destruir las naciones históricas en aras de conseguir una Gran Sociedad, surgirían nuevas pretensiones nacionalistas que acabarían por frustar el proyecto de una Europa unida en la que el individuo fuese su propio dueño. Son, sin duda, esos valores, aposentos culturales de la tradición liberal europea y del esfuerzo generacional por refrendar y perfeccionar el conjunto de normas espontáneas que rigen nuestra conducta, los que nos salvarán de los falsos profetas y de los cantos de sirena de las sociedades totalitarias.

Así, éste es uno de esos momentos históricos de los que habla Zweig en los que bien el azar, bien la pusilánime decisión de un hombre, pueden sellar el destino de la historia. Es por este motivo que debemos elegir entre los seductores sonetos que preludian la paz y anuncian el advenimiento de un nuevo orden o la firme defensa de nuestro acervo cultural y de nuestra historia; ille mos virtusquem maoiurum (por aquellas costumbres y el honor de nuestros antepasados). Yo he decidido: ¡no a ETA; no a sus amigos! Y parafraseando a Cicerón en su séptima Filípica: "¿Por qué no quiero la paz? Porque es vergonzosa, porque es peligrosísima, porque es imposible".

viernes, diciembre 22, 2006

La economía en una lección - Henry Hazlitt

Ni en tres días ni en mil años aprendería Zapatero economía. No porque sea bobo de solemnidad (quiero decir no sólo), sino porque padece lo que Mises denominaba el complejo de Fourier. Una suerte de neurosis que hace que el afectado transforme la realidad por considerarla demasiado dura adaptándola a sus deseos. Así, el neurótico unge las heridas dejadas por sus frustraciones con el bálsamo de Fierabrás que tanto montapara culpabilizar a otros de su incapacidad para acometer sus ansiados planes de infancia como para recrear en este mundo el paraíso terrenal. En esa inalcanzable sociedad idílica los bienes son superabundantes y la miel mana de los árboles al igual que en la Edad de Oro de los mitos órficos de la creación. Es Jauja. Es Socialismo.



Para aprender economía, una persona en su sano juicio sólo necesita el tiempo suficiente para saborear este lúcido análisis de Henry Hazlitt cuyo estudio abordamos aquí. A lo largo de su dilatada carrera periodística Hazlitt laceró descarnadamente las políticas intervencionistas, atacando, entre otras medidas keynesiánicas, el New Deal y el sistema de tipos de cambios fijos de Bretton Woods y prediciendo el esquema inflacionista que llevaría a Nixon en los años 70 a dejar flotar libremente el dólar desligándolo del patrón oro. Ya en 1947 escribió Will dollars save the World? en el que criticaba el Plan Marshall (20.000 millones de dólares, es decir el 1% del PIB de EEUU) por representar el Estado de Bienestar a escala internacional. Europa no es hoy más que esa caricatura de sociedad lastrada por años de sobreprotección norteamericana. Un Continente acostumbrado a su dosis de morfina diaria que le ha permitido mantener un discurso moral ajeno a las realidades de un mundo que exige mancharse las manos. ¿Quién lo hubiera dicho hace 50 años? Quien simplemente se hubiera dejado asesorar por el clarividente Hazlitt.



Denuncia, el que durante muchos años fuera columnista del New York Times, y posteriormente del Newsweek, fase en que alumbraría este libro, los sofismas que envuelven la Economía. Todos esos prejuicios y falsedades que llevan a los detractores del libre mercado a atribuirle cualquiera de los males que ponen en peligro el bien común. Su argumento central estriba en que los gobiernos sólo tienen en cuenta los aspectos más inmediatos sin fijarse en las consecuencias generales de sus actos. Así, la lección podría resumirse de la siguiente manera: El arte de la Economía consiste en considerar los efectos más remotos de cualquier acto o medida política y no meramente sus consecuencias inmediatas; en calcular las repercusiones de tal política no sobre un grupo, sino sobre todos los sectores.



Braman muchos contra las bondades del capitalismo. Le acusan de beneficiar a los más pudientes. La literatura está plagada de tan burdas mentiras. Muchas de ellas gravadas en el subconsciente por la parodia de los inicios de la industrialización en obras como los Miserables de Victor Hugo, Tiempos difíciles de Dickens, o, en un plano más técnico, los Nuevos principios de Economía Política de Sismondi en los que se ponía en evidencia las desigualdades del nuevo sistema económico. Fue este último quien acuñó la palabra proletariado en referencia a los proletarii, la clase más baja de la antigua Roma. Quizá sea cierto que en sus inicios el capitalismo no tuvo en cuenta el factor humano de la producción, pero con el tiempo y su desarrollo éste es un elemento esencial tanto en el engranaje fabril como en la fase de comercialización. Las empresas que triunfan son las que tienen satisfechos a sus empleados y a los consumidores. Así, los atávicos detractores se olvidan, sin embargo, de que el bienestar que hoy disfrutamos, y que haría sonrojar de envidia a los señores feudales de la edad media, es fruto del liberalismo. La riqueza no se mide por los metales preciosos que se atesoran en una cámara sellada sino por la eficiencia de los factores de producción: el capital y el trabajo.



Implacablemente, con aplastante racionalidad, desmonta Hazlitt uno por uno los tópicos del marxismo, y de su versión light -no por edulcorada menos dañina- el socialismo. Si bien determinadas obras son necesarias para cumplir el gobierno con sus funciones primordiales (garantizar la vida y hacienda de las personas) la gran mayoría de las obras públicas son superfluas. Especialmente las que pretenden combatir el paro, argumento keynesiánico por excelencia y muy de moda en los años 30. Es cierto, dice, que determinados obreros podrán beneficiarse de la obra pública, pero esas obras se financian con exacciones fiscales por lo que por cada dólar menos en los bolsillos de los contribuyentes, un dólar menos para gastar en otras necesidades que a su vez crearían empleo en otros sectores. Los demagogos dirán que el puente era necesario y que ha servido para crear tantos empleos, sin embargo lo que no dicen es cuántos empleos se han dejado de crear a causa de la desviación de fondos. Además, una excesiva carga fiscal ahuyenta la inversión privada y la productividad generando más pobreza y más paro. En esto la política del Partido Popular ha sido, aunque timorata, correctamente enfocada en los años de Gobierno de Aznar, ahí están los resultados. La Comunidad de Madrid sigue la misma línea reduciendo la presión fiscal sobre los ciudadanos. Y es que la derivada es muy sencilla: a menor carga fiscal, mayor productividad; a mayor productividad, mayor recaudación. Lo demás no son más que falacias destinadas a ahogar la iniciativa privada y engordar algunos bolsillos y el peso opresivo de lo público sobre los ciudadanos.



Algunos defienden la reducción de la jornada laboral a 35 horas. Quizá esa limitación en los orígenes del industrialismo tenía razón de ser, especialmente por cuestiones de salud, pero hoy en día no tiene sentido seguir amparando tales medidas. Entienden sus defensores que al reducir la jornada de trabajo se crean nuevos puestos de trabajo. Omiten señalar que para que eso se produzca, sin llevar a la ruina a las empresas,es necesario dividir también el salario bajo riesgo de aumentar los costes de producción. Igualmente sucede con el salario mínimo. Su implantación por Decreto desincentiva la contratación, impidiendo que trabajadores de baja cualificación puedan prestar sus servicios por el precio de mercado. Así, sólo contribuye a crear paro, en mayor medida cuando los subsidios de desempleo en muchos casos superan el salario mínimo interprofesional. La mejor manera de incrementar los salarios es incrementando la productividad. A esta tarea han contribuido grandemente los avances técnicos. En efecto, siempre ha habido quien ha acusado a las máquinas de generar desempleo. Nada más alejado de la realidad. Sería como decir que la invención de los vehículos a motor ha mandado al paro a miles de muleros. Por el contrario, las máquinas aumentan la productividad aunque puedan obligar a determinados sectores a reciclarse.



Otro de los principales enemigos de la economía para el fallecido columnista de Newsweek es la inflación. Así, algunos creen que emitiendo más dinero y repartiéndolo entre todos equitativamente se acabaría con la pobreza. ¡Insensatos! El dinero tiene el valor que el mercado le adjudique, el valor de los bienes que con él se puedan comprar. La riqueza de un país se mide no por el capital sino por su productividad y ésta sólo se mejora mediante una mayor eficiencia de los procesos de producción. La inflación es así una de las peores formas de tributación.



Liberalismo significa libertad. Libertad y seguridad son dos de las premisas básicas para mejorar las condiciones de vida del ser humano. Liberalismo significa que los factores de producción se encuentran en manos privadas, lo contrario ocurre en el socialismo. El liberalismo está íntimamente ligado al sistema democrático sin el cual no podría a la larga florecer porque requiere la paz social. También exige la paz entre las naciones y la libertad de mercado sin aranceles aduaneros. La supresión de los aranceles, a la que con tanta violencia se oponen los movimientos antiglobalización, permitiría a los países del tercer mundo vender sus productos más baratos en los mercados occidentales. La principal característica de un sociedad libre es la cooperación social a través de la división del trabajo. Esa división del trabajounida a la defensa de la propiedad, como eje del sistema liberal, es el origen de la prosperidad que hoy disfrutamos. En realidad, los estatistas -proteccionistas, marxistas, socialistas, sindicalistas- pretenden favorecer los intereses de un determinado grupo en contra de los intereses de la sociedad. El nacionalismo, expresión orgásmica del estatismo, consiste en la deificación del Estado y la reificación del hombre común. De ahí su obsesión por marcar a fuego su rebaño con los signos de la esclavitud, llámense, cultura, lengua, raza, o religión. Y todo ello lo hacen bajo la bandera de la igualdad. Como decía Pareto, no hay mejor esclavo que el que no sabe que lo es. Si el socialismo perdura todavía tras la caída del muro de Berlín es por la envidia (Neid), la ojeriza y los celos, en expresión de Helmut Schoeck en su libro La envidia y la sociedad, que llevan a la gente a ser capaces de soportar un mal mayor si ello implica que el objeto de envidia lo padece también. Aunque se condenen a la pobreza y la esclavitud de los regímenes socialistas. Eso no lo cura una lección magistral sino un buen psiquiatra.

miércoles, noviembre 01, 2006

Akhenatón. El Rey Hereje- Naguib Mahfuz

Naguib Mahfuz es uno de los escritores árabes más leídos en el mundo. Su prolífica obra ha sido merecedora del Premio Nóbel de Literatura en 1998. A lo largo de su intensa trayectoria, truncada por la muerte el pasado 30 de agosto, ensayó diversos estilos literarios, destacando su original técnica narrativa a través de múltiples personajes. Con esta técnica nos describirá el Cairo con todos sus matices, con toda su diversidad de colores, conformando un retablo poliforme de la ciudad.

Cronista de su natal Egipto, aborda en la presente obra la vida de Akhenatón por medio de la técnica periodística de la entrevista a diversos personajes contemporáneos del Faraón, tarea que emprenderá el joven Miri-Mon fascinado por los misterios que encierran los muros de Akhetatón, la ciudad del Hereje, y decidido a buscar la verdad entre sus ruinas.

Durante los 17 años de reinado de Amenofis IV (más tarde Akhenatón), hacia el 1350 a.C en el Imperio Nuevo, Egipto va a vivir una de las aventuras más extrañas y controvertidas de su historia. Hijo de Amenofis III y de Tiy, madre que ejercerá una gran influencia sobre él, desde temprana edad manifestará unas extrañas inclinaciones y una fuerza interior que le llevará a enfrentarse con los dioses y tradiciones egipcias.

En esta aventura espiritual le acompañará su esposa Nefertiti, «la bella-ha-venido», que formó con él una auténtica pareja solar, símbolo del dios Atón, al que rindió culto despechando al resto de dioses egipcios. Nefertiti es la última entrevista de Miri-Mon, reliquia viva de un sueño frustrado y condenada a la soledad de sus escombros, causando en él una desconcertante impresión, mezcla de amor y admiración.

La preocupación de los sacerdotes de Amón - Amón-Ra pasó a ser en el Imperio Nuevo la deidad principal del mundo egipcio-, alarmados por las ideas heréticas del joven príncipe, se agudiza con el tiempo llegando incluso a proponer que fuera apartado del trono en su condición de heredero. Su madre sin embargo evitará las conjuras y propiciará el matrimonio del príncipe con Nefertiti, asimismo comprometida con el «atonismo», bien subyugada por la personalidad del príncipe bien por el poder imperial.

Alcanzado el trono, Amenofis IV decidió marcharse de Tebas, entonces la capital del Imperio, con su séquito de leales, para construir la nueva ciudad del sol Akhetatón, «el horizonte de Atón», la actual Tell el Amarna, que juró no abandonar jamás. Allí adoptará el nombre de Akhenatón, que significa «espíritu eficaz de Atón», en honor a su divinidad representada por el disco solar. Prohibirá el culto a las demás deidades mandando destruir sus templos. Monoteísta convencido, predicó su religión de paz y amor por los cuatro rincones de Egipto.

Esta gran revolución espiritual acometida por Akhenatón se lleva a cabo en apenas unos años y sin grandes convulsiones, ya que muchos se pliegan al poder real, renunciando a tradiciones milenarias para conservar su puesto en el nuevo Estado. En el relato de Naguib Mahfuz entrevemos esas pequeñas miserias que anidan en el corazón del hombre y que alimentan la traición, la hipocresía y la envidia.

No obstante, un grupo liderado por el sacerdote de Amón se opondrá con toda su influencia y astucia a la herejía cometida por el nuevo faraón, intentando incluso el asesinato. Algunos han visto en el proyecto de Akhenatón no ya una sincera transformación religiosa sino una maniobra política para deshacerse de la enorme ascendencia de los sacerdotes y reforzar su autoridad. En todo caso, la novela se desarrolla en un clima de guerra civil larvada.

El físico y la personalidad andróginos del servidor de Atón suscitan todavía hoy grandes dudas sobre la enfermedad del rey. Algunos se han atrevido a diagnosticarla como el «síndrome de Fröhlich», una enfermedad sexual grave, quizá por el aspecto que muestran los colosos de Karnak, como nos recuerda el masón Christian Jack en su obra “El Egipto de los Grandes Faraones”.

Enfermedad, locura, debilidad, utopía, ambición, herejía; de lo que no cabe duda es que este revolucionario idealista acaba sucumbiendo ante la realidad. Su amor universal y denodado pacifismo le encerraron en una burbuja que explotó cuanto más acuciante se hacía la presión de sus enemigos exteriores e interiores. Su política exterior de gestos dadivosos chocó con la codicia de sus enemigos, principalmente los hititas, y la deserción de sus aliados que veían en el faraón a un rey demente que no podía protegerles. Los primeros faraones de la XVIII dinastía, acosados por los pueblos asiáticos ávidos de conquistas, habían comprendido que el pacifismo conducía a Egipto a la decadencia. Con Akhenatón termina el periodo de esplendor y se resquebraja el imperio egipcio. Al final conseguirá cumplir su promesa y jamás se marchó de «el horizonte de Atón», donde murió en extrañas circunstancias tras abandonarle allí a su suerte todos sus “leales” servidores, salvo Nefertiti que quedó confinada en su palacio con unos cuantos guardias según relata Naguib Mahfuz, aunque al parecer su muerte fue anterior.

Sin duda, en este maravilloso relato del gran escritor egipcio percibimos las dos eternas pulsiones humanas que colisionan en el plano espiritual; la de las personas que asumen la realidad, con su descarnada crudeza, y los que prefieren soñar despiertos tratando de moldear un mundo idílico de amor y de paz que al final acaba desmoronándose ante el peso de la verdad. A pesar de que Mahfuz, como escritor de izquierdas, parece inclinarse por esta visión mesiánica de la vida, su excepcional técnica narrativa nos permite entrever las claves de un rey iluminado por una falsa profecía. ¿No les recuerda todo esto a alguien?




domingo, octubre 08, 2006

Koba el Temible - Martin Amis

¡De qué se ríen los rusos! Dashtó? Por qué? La respuesta la tienen, queridos lectores, en el áspero retrato que hace Martin Amis de un personaje, Stalin, siniestramente único, capaz de hacer temblar a sus súbditos a la vez de miedo, de frío, de hambre...y de risa. Es la risa de quien quiere olvidar la sangre derramada por una utopía que tiñe de púrpura las ruinas de su soñada Ciudad del Sol. En realidad, fueron las tinieblas las que se apoderaron de la URSS tras la revolución de Octubre.

Koba, así lo llamaban, apodo sustraído al protagonista de una película, titulada el parricida, en la que éste era el azote de los ricos y benefactor de los pobres; una especie de Robin Hood de la taiga. Iósif Vissariónovich era su verdadero nombre. De hecho, Stalin es otro apodo: "el hombre de acero". Su personalidad estuvo marcada por un enfermizo complejo de inferioridad que sólo conseguía aplacar con el sufrimiento de sus semejantes. Y por el odio que diseminó con fraternidad cainita allende los Urales, aunque buena parte del cual reservó para sus hermanos georgianos, tierra de la que era oriundo muy a su pesar. ¡Hay que tratar esta tierra georgiana con un hierro al rojo vivo!; ¡Empaladlos!; ¡Descuartizadlos!, arengaba en una ocasión, poseído por el espíritu de Iván el Terrible, del que era profundo admirador.

Durante el régimen comunista en la URSS, según datos de El Libro Negro del Comunismo, murieron 20 millones de personas del total de 100 que dejó tras de sí el comunismo en el siglo XX. Avergüenza pensar que hoy en día existen en Europa y en nuestro país grandes amigos y defensores de esta bestial ideología. Ni siquiera los crímenes de Hitler son comparables en número -sí en atrocidad- con los cometidos por la dictadura del proletariado. La principal diferencia entre estos dos demenciales personajes es que el buitre de Berstengaden no destruyó la sociedad civil alemana. Muy al contrario, como magistralmente revela Aly Götz en La utopía nazi, el Tercer Reich mantuvo el sueño de los alemanes intacto hasta los últimos momentos. Compró, en definitiva,el alma de sus ciudadanos con el saqueo de las provincias ocupadas y dirigió su furia hacia sectores de población muy concretos. Judíos y oposición sucumbieron al plan genocida de Hitler. En cambio, Stalin sólo tenía tiempo.Tiempo para matar indiscriminadamente; con frialdad animal, sin inexcusable motivo, sin distinción, sólo por un odio inconmensurable a la humanidad y un insaciable apetito antropófago. Incapaz de amar, renegó incluso de su hijo Yákov, prisionero de los nazis en la Segunda Guerra Mundial, y encarceló a su esposa para evitar aplicarse a sí mismo la pena impuesta a los familiares de los oficiales que se dejaban apresar por el enemigo.

Estas memorias de Martin Amis, continuación de su autobiografía Experiencia, dibujan un semblante aterrador de Stalin. A pesar del realismo y la crudeza de este personaje, no se ríe cínicamente nuestro escritor, como otros que tratan de olvidar moralmente, de la ideología que ampara y alienta tales actos criminales. No fue Stalin un contrapunto en las sanas intenciones de los revolucionarios bolcheviques, sino un mero producto de su locura colectiva desatada desde los inicios de la guerra civil. El Estado totalitario y la represión se convirtieron en norma desde que se desató la furia bolchevique. El propio Lenin fue el protagonista de purgas y asesinatos masivos que él mismo denominó el Terror Rojo. El hambre leninista de 1921-1922, que se llevó cinco millones de almas, provocado por las requisas y la persecución a los campesinos, sería la antesala de un método de opresión y de terror al que Stalin y otros dirigentes como Mao se adherirían con fruición. Lyssenko el principal artífice de las políticas agrícolas sembró de cuerpos famélicos el campo ruso. Pero para Stalin el hambre no fue un problema solía decir que: «La muerte soluciona todos los problemas. No hay hombre, no hay problema.»

La colectivización o deskulakización, es decir la planificada represión de los kulaks y transformación de sus tierras en koljozes, asoló el país bajo la batuta de la "ley de las espigas" que penaba con la muerte el hurto de un puñado de trigo en cualquier koljoz. Si Lenin finalmente permitió, a regañadientes, la ayuda americana, que a la postre salvaría millones de vidas, Stalin, implacable hasta el final, convirtió el hambre en el eje de su política de terror. De este modo, en 1933 las hambrunas se generalizaron provocando cinco millones de muertos en Ucrania, dos millones en las cuencas del Kubán, el Don y el Volga, y en Kazajstán. Y dejando tras de sí una sociedad moralmente inerme y una tradición de canibalismo parricida cuyos ecos todavía resuenan hoy en día. Como dice Martin Amis: Querían destruir al campesinado; querían destruir a la Iglesia; querían destruir toda oposición y disidencia. Y además querían destruir la verdad. Tras el Terror, el Gran Terror...los terribles relatos de Koly que rescató del olvido Soljenitsin. La represión: Trotski, Bujarin, Iagoda, Zinóviev, Kamenev, Kírov, Gorki, camaradas todos ellos, y muchas otras víctimas sacrificadas en el altar del mefistofélico georgiano al que sólo la muerte sació la gula devoradora de hombres.

Alexander Herzen, uno de los escritores políticos rusos del siglo XIX que contribuyeron a expandir las luces de la revolución francesa en el corazón de la tundra, aborrecía la idea escatológica de un futuro idílico de la humanidad; renegaba de la idea de un progreso inevitable al que se ofrendaban las mayores crueldades en el presente. Esta es una doctrina que ataca la vida humana, decía. El fin de cada generación es ella misma. La vida como la libertad son fines en sí mismos, y no deben sacrificarse en nombre de ningún ideal. Actuar de esta guisa es cometer un acto de sacrificio humano. Por ello, desconfía, como sugiere Ayn Rand, de todo aquél que llama al sacrificio, y pregúntate quién será el gran beneficiado. Desconfía de las frases hueras que prometen verdes praderas. Desconfía de la palabra Paz; Bien Común; Generaciones Futuras, especialmente si exigen el sacrificio de tu libertad. No desperdicies tu vida. La vida no se vive en la cara del otro, como dice Levinas en su pomposa alteridad. ¡Patrañas! No sacrifiques la lozanía de tu risa. No sacrifiques tu felicidad. No le faltaba razón a Vassili Grossman cuando afirmó que la historia de la humanidad es la historia de la libertad. Y la primera víctima de sus enemigos es la verdad. Y nuestra única arma: la razón.


viernes, septiembre 15, 2006

La futura Yihad- Walid Phares

¿Por qué? Con esta pregunta martilleando sus mentes se despertaron los americanos ese infausto 11 de septiembre de 2001. Mucho se ha escrito a este respecto, especialmente por parte de los amigos de la minifalda. Esos que suelen culpar a la víctima de ser agredida sexualmente, ya saben… porque la llevaba muy corta. Lejos de caer en ese ejercicio de cinismo universalmente comprensivo, este libanés experto en terrorismo y conflictos étnicos y religiosos afincado en EEUU, Walid Phares, reitera lo que durante años venía advirtiendo: la yihad es una ideología criminal que persigue el dominio del mundo.

Axioma que hoy comienza a asimilarse con cierta familiaridad en los Estados Unidos, en gran parte gracias a la labor de desintoxicación del Informe de la Comisión del 11-S, pero que hasta el momento de los atentados islamistas apenas se vislumbró por algunos expertos cuyas voces se acallaron rápidamente bajo las presiones de una pléyade de académicos agradecidos a los dineros saudíes y de una política exterior americana volcada en sus relaciones privilegiadas con la monarquía wahabí. La guerra fría había producido extraños compañeros de cama, hecho que si bien contribuyó al colapso de la URSS, especialmente con su humillante derrota en Afganistán, a la postre se volvería contra el aliado infiel.

Tras la caída del muro de Berlín y el desmembramiento del imperio rojo muchos creyeron en el final de la historia y en el comienzo de un nuevo periodo de paz y prosperidad. Esta ceguera colectiva impediría ver los peligros que acechaban a Occidente. No es de extrañar pues que lo primero que dijera un piloto de caza que sobrevolaba el Pentágono esa mañana es: ¡Maldita sea, los rusos nos han dado!

Una nueva era había comenzado. De la falsa seguridad de la Mutual Assured Destruction (MAD) que garantizó la guerra fría a la inseguridad de los Apocalipsis de bolsillo servidos por los mensajeros del odio divino. Odio incomprensible. Atemporal. Como si los ciclópeos retoños trataran de vengar la sangre derramada por Urano. Pero esta vez la piel de cordero no servirá para huir del monstruoso Polifemo. Esta vez sus hermanos se han camuflado en nuestras cuevas bajo el manto de la muy progresista virtud de la tolerancia subjetivista; la astucia y la sorpresa son ahora sus mejores armas, y unas buenas dosis de ketamina mediática su mejor aliado. Don´t know why? ....Why not? Como nos recuerda Glucksmann en sus relatos de las guerras fraticidas del Continente Negro. Son los endemoniados de Dostoiewski del siglo XXI. Don´t know when?, es lo único que importa. El espíritu de Hades recorre las grandes ciudades del mundo con su yelmo de la invisibilidad, regalo de los Cíclopes, auxiliado por las Eríneas que tejen los pasillos aéreos que unen sus rascacielos.

Tahir (liberación), Tawhid (unificación) y Jilafa (califato). Estos son los tres objetivos de los yihadistas. Objetivos que una mente sana, racional, no logra comprender. La única causa es la sinrazón. Liberación de todas las tierras musulmanas que algún día fueron conquistadas por el califato o se rindieron a él en el transcurso de la fatah del siglo VII. Esto incluye no sólo Cachemira y Chechenia, sino Israel y España, hermanadas por este funesto destino. Unificación de los países musulmanes derrocando a sus “ilegítimos” gobernantes y desmantelando los Estados-nación de Egipto, Libia, Siria, Irak, Marruecos, Argelia… La restauración del califato, tras la caída del Imperio Otomano y el nacimiento del régimen apóstata de Ataturk, se ha convertido en una obsesión casi freudiana de los movimientos salafistas.

El wahabismo, primer movimiento salafista –los salaf son los padres fundadores del Estado islámico- originario de Arabia Saudí, ha extendido sus tentáculos por las universidades y escuelas religiosas de todo el orbe gracias al dinero del oro negro. Su poder se vio acrecentado tras la guerra del Yom Kippur (festividad judía elegida para la agresión árabe) que supuso otra humillante derrota para los países árabes. Así, el petróleo se convertiría en un instrumento de política internacional del régimen wahabí, que en aquella época provocó una grave crisis económica al incrementar los precios de este estratégico recurso energético. La yihad saudí, amparada por el Estado, se fijó objetivos acordes con el derecho internacional y se propuso preparar el triunfo mediante el proselitismo fundamentalista en el corazón de dar el harb financiado con los petrodólares.

A la par en Egipto, los Hermanos Musulmanes, organización fundada en la década de 1920 por Hassan Al Banna, daría lugar en los 80 al nacimiento de una serie de grupos terroristas que propugnan la desaparición de Israel. Entre ellas, Hamás y Yihad Islámica entre los palestinos; el Frente de Salvación Islámica en Argelia; el Frente Islámico Nacional de Hassán Turabi en Sudán; Gammat Islamiya y Yihad Islámica en Egipto; o Abu Sayyaf en Asia. De estos movimientos terroristas de raigambre local surgiría una intelligentzia con aspiraciones internacionales, que forjarían su desordenada mente en las rugosas montañas de Afganistán, entre ellos estaba Osama Bin Laden.

Por otro lado, la revolución iraní del Ayatolá Jomeini, que derrocó en 1979 al Sha laico Reza Pahlevi, abriría otro frente de la yihad internacional bajo la dirección de los chíies. Contrariamente a los wahabíes, éstos se granjearán el apoyo de la población islámica al luchar simultáneamente contra todos los infieles, los Estados Unidos y la Unión Soviética. A la postre los dos principales motores del yihadismo internacional unirían sus esfuerzos para derrotar al gran Satán americano y su avanzadilla israelí. Las dos vertientes de la yihad, local e internacional, sincronizan asimismo sus tempi en una gran cacofonía mundial del terror. Cacofonía a la que se han sumado los socialistas e izquierdistas de Occidente, en paro forzoso desde la caída del muro de Berlín. Si, como nos refresca Walid Phares, en la segunda guerra mundial los islamistas se unieron a los nazis y fascistas en contra de las democracias de entonces, hoy dicha alianza se repite porque, a pesar de las incompatibilidades ideológicas evidentes entre el socialismo y el fundamentalismo, que llevará a los primeros al cadalso si finalmente vence esta guerra el Islam, comparten un enemigo común: la democracia liberal. Es una cuestión de fe, amigos míos.

La comprensión de esta guerra es clave para evitar el desmoronamiento de nuestras sociedades. Evitar la infiltración de la mentalidad yihadista en las universidades, medios de comunicación, e, incluso en los servicios de seguridad nacional, es vital para mantener viva la conciencia de nuestros valores e impedir nuevos ataques. Y si se producen, huir del “síndrome de Madrid”, en expresión del propio autor. Porque, -y no me cansaré de citarlo- como decía Shumpeter, lo que distingue una sociedad civilizada de unos simples bárbaros es que pese a saber que sus valores no son absolutos está dispuesta a defenderlos hasta las últimas consecuencias.

Ayudar a los países musulmanes a que implanten regímenes democráticos y que se respeten los derechos humanos, no sólo es un deber moral sino una exigencia de la lucha contra el terror. Mal que les pese a los reaccionarios de izquierda que han abrazado la política bismarckiana de la realpolitik. Todo con tal de seguir soñando mundos irreales desde sus cómodos sofás, evitando ver la incómoda realidad que reclama que cada uno de nosotros nos irgamos para decir “no” a los nuevos nazis que llegan. Mejor un Afganistán o Irak moviendo ficha contra el terror con el apoyo de Occidente, que poniendo en jaque conjuntamente a medio mundo.

sábado, julio 29, 2006

¿Qué es Occidente? - Philippe Nemo

La Constitución Europea, nasciturus abortado por el legrado de una sociedad sin referentes, en su preámbulo,recuerda tímidamente la herencia cultural, religiosa y humanista, de Europa, semillero de los valores universales de los derechos inviolables e inalienables de la persona humana, la democracia, la igualdad, la libertad y el Estado de Derecho. Dichos valores surgidos espontáneamente en el seno de una sociedad dinámica corren el riesgo de ser arrumbadospor un relativismo moral nivelador de culturas y, lo que es peor, por una conciencia colectiva y mecanicista que pretende sustituir los derechos de la persona por los ritos de la tribu.

El filósofo e historiador de las ideas, Philippe Nemo, presta su pluma a la recién creada editorial de la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), que preside José María Aznar. En este breve ensayo sobre la naturaleza de Occidente el pensador francés ensalza la cultura y los valores de Occidente como un proceso único en el mundo y aboga por el refuerzo de los lazos que unen a Europa y los Estados Unidos en consonancia con la propuesta realizada por el Presidente de la FAES en su intervención del pasado 5 de mayo en Londres de creación de un área atlántica de prosperidad.

No se trata de buscar las esencias étnicas de Europa, como hacen algunos protonacionalistas amantes del mito y los genes, sino de poner en valor una cultura propia del proceso histórico vivido por el conjunto de pueblos y hombres que han poblado el continente y han conquistado el mundo con la fuerza de sus ideas. Lo que pretende Philippe Nemo es vigorizar la conciencia de sí mismo de Europa partiendo del back to basicsde los principios morales que Bagehot, fundador de la prestigiosa revista The Economist, defendiera a finales del siglo XIX.

Cinco son los acontecimientos que han marcado el devenir de Europa: la aportación filosófica y científica de los griegos; el derecho romano y el humanismo en Roma; la revolución ética y escatológica del cristianismo; la revolución papal de los siglos XI-XIII; y, finalmente, el advenimiento de las democracias liberales. Es sobre la base de estos acontecimientos que Nemo describe la herencia cultural europea y occidental a la que nos referíamos.

Será en el seno de la polis griega donde se diluya el poder sagrado de los reyes con la aparición de un ágora pública que cultive el pensamiento crítico y el arte del discurso. Este espacio dará lugar al nacimiento de un hombre nuevo, el ciudadano, con iguales derechos a sus semejantes y virtualmente libre para modificar el orden social desacralizado con ayuda de la ciencia y el saber. Esta misma idea será la que hoy en día distorsionen por el extremo pensadores de la izquierda americana como Philippe Pettit o Benjamin Barber volviendo a enjaular al hombre en el poder mágico-religioso de los valores del ciudadanismo moderno. Vieja manía del culteranismo intelectual de reducir lo fundamental al fundamentalismo.

No menos importancia concede este ensayo a la aportación del derecho romano. Al inventar el derecho privado, nos dice el autor, los romanos inventaron la persona humana individual, libre, su intimidad, su ego, convirtiéndose en la fuente original del humanismo occidental y sacando así a la humanidad de las sombras del tribalismo. Lo colectivo y sus ritos, atávicos o falsamente progresistas, pierden protagonismo frente al yo. Es el proceso de individuación que Erich Fromm sitúa en la Reforma pero que tuvo sus orígenes en la ciudad eterna.

La caridad y la compasión constituyen un rasgo característico de la moral bíblica. El sermón de la montaña (Mateo 5-7) refleja este sentimiento de culpa universal que nos hace responsables, como diría el filósofo Emmanuel Levinas, ante todos, por todos, y por todo, y yo más que los demás. Sin duda, este rasgo profundamente arraigado en el corazón de los europeos constituye su fuerza, al humanizar el sufrimiento ajeno, y su fragilidad porque sitúa al borde de la idiocia y la servidumbre a los afectados por el virus del amor universal frente a los predicadores de utopías que pretenden manipular los sentimientos de la gente.

El milenarismo cristiano adoptó dos formas distintas en sus orígenes bíblicos: una rama violenta que ansía el día del Juicio Final como el último combate escatológico frente al mal; y otra, que pretende el advenimiento de los Últimos Días mediante la conversión de las almas por obra de la verdad y la razón en un proceso gradual hoy en día subsumido en los valores de la democracia liberal. Esta segunda visión ha sido la que finalmente se ha impuesto gracias a la «reforma gregoriana» o, como la denominó el historiador Harold J. Berman, la «revolución papal».

La reforma de Gregorio VII, continuada por sus sucesores, reinstauró el estudio del derecho romano dando comienzo a la edad de oro de la escolástica, cuyos frutos perviven en el humanismo y liberalismo modernos. El método escolástico (la lógica aristotélica) abrirá paso al método hipotético-deductivo de la ciencia moderna. La razón se convertirá asíen el medio para alcanzar la salvación. La triada civilizadora, Atenas, Roma, Jerusalén, fundirá los moldes de la identidad cultural de Occidente en una síntesis entre la razón, la ciencia, el derecho, la ética y escatología bíblicas.

Todos estos avances reformadores han dado lugar a un nuevo modelo de sociedad humana: el orden espontáneo de sociedad. Entiende Philippe Nemo que si tradicionalmente la derecha es la que garantiza el orden natural de las cosas frente al constructivismo de la izquierda, el orden espontáneo, como lo definióHayek, no constituye una estructura natural preexistente ni es creado artificialmente por una autoridad terrenal sino que emana libremente de los individuos que componen la sociedad.

A partir de ahora, la democracia y sus instituciones y el derecho a la insurrección, que ya pergeñara el escolástico español Juan de Mariana de la Escuela de Salamanca, y que Locke definiría como el derecho a la resistencia a la opresión, configuran los límites del Estado moderno. Así, el Estado sólo es legítimo si no es absoluto, sometiéndolo a diversos controles y haciendo depender en última instancia la soberanía del pueblo cuya falibilidad en todo caso es menor.

Este es el sustrato cultural que nos describe este pensador francés como característica esencial de Occidente y base de cualquier democracia. Se muestra partidario del diálogo de civilizaciones, pero no así de la alianza en la medida en que ésta supone un intento de subvertir las bases de la civilización occidental, única portadora de los valores democráticos y de respeto a la dignidad del hombre. Por ello, sugiere una alianza de los países que comparten esta visión del mundo y entiende que el voluntarismo dialogante no es suficiente para evitar lo que Samuel P. Hutington llama «choque de civilizaciones», sino que seránecesario un auténtico salto cualitativo en el seno de aquellas sociedades en donde no se ha desarrollado el espíritu de la búsqueda de la verdad y la razón como arma frente a la oscuridad.